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Elecciones porteñas: Algo huele mal en la Ciudad…

Por Dr. Alejandro César Biondini (h)

En diciembre del año pasado, poco antes de las Fiestas, el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri puso fecha a las elecciones de autoridades de la Ciudad de Buenos Aires. Basándose en la nueva legislación vigente en el distrito, anunció que las flamantes Primarias instauradas a través de la Ley 4894 se celebrarán el 26 de abril, y las elecciones generales el 5 de julio, lo que en términos prácticos implica que los cierres de listas de los partidos políticos deben hacerse en pleno verano. Siendo la Ciudad de Buenos Aires el cuarto distrito más grande del país, la determinación resultó cuanto menos llamativa, ya que luce muy desprolija. Sin embargo, esa prisa tiene una explicación: Macri pretendía imponer el peso de la estructura del PRO en la Capital y tomar por sorpresa al resto de las fuerzas políticas locales, para obtener lo que presume sería una victoria holgada. Asimismo, el juego con la fecha de la elección porteña también tuvo otro objetivo aún menos transparente, que fue buscar forzar a Gabriela Michetti, la díscola dirigente del oficialismo amarillista, a aceptar el ofrecimiento de ser candidata a vicepresidente en agosto y dejarle el camino libre a Horacio Rodríguez Larreta para suceder a Macri en la Ciudad.

Pocos días después del anuncio, se incorporó una novedad: la implementación del voto electrónico, una innovación tecnológica necesaria y que daría mayor legitimidad a cualquier acto electoral. Previamente se había legalizado la instauración de la boleta única, pero esta posibilidad fue mejor recibida aún por la sociedad.

A principios de enero, el PRO tuvo problemas internos puesto que Michetti decidió participar de las internas del partido y competir contra Rodríguez Larreta a pesar del pedido expreso de otros dirigentes de no hacerlo. En verdad, es sabida la pésima relación que existe entre la senadora y el actual jefe de gabinete macrista, y también es conocida la preferencia de Macri por su compañero, debido a que en la Ciudad existirían muchos negocios y negociados en los cuales son socios, y en los que Michetti no tendría participación.

No obstante lo mencionado en el párrafo anterior, en definitiva todo eso forma parte de la vida interna de un partido y no del conjunto de los vecinos de la Ciudad. Si Gabriela Michetti forzó las internas por contar con el apoyo de la estructura del Frente Renovador de Sergio Massa para romper al PRO como dicen algunos, o si Macri necesita a Rodríguez Larreta porque es el único en el que confía para seguir con ciertos negocios poco claros como obras públicas con presupuestos aparentemente inflados, licitaciones que merecerían ser revisadas y hasta el control del poderoso sindicato de manteros o de la instalación de capitales chinos, como dicen otros, son en definitiva problemas de la vida cotidiana del macrismo, que en poco y nada se diferencia del kirchnerismo. Entonces, ¿por qué deberían afectarle a los porteños las miserias del PRO al momento de ir a votar? La pregunta es simple, la respuesta es cada vez más compleja.

La Ciudad ya debió padecer el capricho del jefe de gobierno por convocar en una fecha pensada para la exclusiva conveniencia del PRO. A Macri no le importó la institucionalidad, le importó mantener su intereses personales, característica que en definitiva lo emparenta con Néstor y Cristina Kirchner, quienes han hecho exactamente lo mismo en los últimos 12 años. Ahora, a pocos días del cierre definitivo de listas, surge el «rumor», lanzado a través del diario Clarín, de que el oficialismo porteño podría intentar derogar la implementación del voto electrónico y también de la boleta única, y retornar a las viejas boletas sábana en blanco y negro y hechas en papel diario. ¿Y por qué? Porque según ese medio de prensa, al PRO no le gusta la posibilidad de tener una interna reñida entre Michetti y Rodríguez Larreta, y buscaría perjudicar a la diputada e incluso intentar forzarla a bajarse de su candidatura porque no cuenta con los 7.500 fiscales que se necesitarían si se retrocede al modelo anterior. Significativamente, a Clarín tampoco le importa que el PRO hable de derogar parcialmente una ley vigente, ni que busque pauperizar los comicios en los que participarán dos millones y medio de ciudadanos porque el gobernador local está obsesionado con sus internas domésticas; para el diario esto no es un atropello institucional, mucho menos un escándalo, para Clarín esto es una «picardía» (sic). Pero para el Nacionalismo, representado en la Ciudad de Buenos Aires por el partido Bandera Vecinal del cual tengo el honor de ser uno de sus apoderados, estas prácticas son tan nefastas como las que hace el gobierno nacional en el Congreso.

Es lamentable el papel que en todo esto desempeña el Tribunal Superior de Justicia, cuyos magistrados se ven rehenes del juego oficialista, y que un día dicen una cosa y al otro deben sacar una acordada de emergencia sosteniendo otra. En la Ciudad, el Poder Ejecutivo actúa como un niño caprichoso, el Poder Legislativo como una marioneta, y el Poder Judicial como un cadete de delivery, que lleva y trae lo que los dueños del negocio le dicen. Este es el esquema de gobierno del PRO, y es necesario advertirlo, porque cuántas veces habremos escuchado esa frase de que «los que vivían en Santa Cruz sabían lo que iban a hacer los Kirchner, porque lo que hicieron en el país ya lo habían hecho en la provincia»… Deberíamos reflexionar y preguntarnos, como ciudadanos, si no estamos ante una situación similar.

El Nacionalismo sigue avanzando y continúa organizándose. En la Ciudad, ya tenemos nuestro candidato a Jefe de Gobierno, el industrial y dirigente patriota Ramiro Vasena. No importa si las elecciones son con voto electrónico, con boleta única, con boleta sábana o si se celebran en abril o en agosto con las PASO nacionales, Bandera Vecinal está preparado para competir y conquistar nuevas posiciones. Sin embargo, también es momento de hablar con claridad y transmitirle a la ciudadanía lo que está pasando, que se sepa que cuando los Nacionalistas defendemos la Cuarta Posición y sostenemos que no estamos alineados ni a la derecha, ni al centro ni a la izquierda del sistema de corrupción, sino que estamos en la vereda de enfrente, es precisamente porque construímos una alternativa que termine con los feudalismos y las autocracias. No nos debemos confundir, aunque los dirigentes sistémicos se disfracen e intenten impostar a nuestros próceres, sólo son una cosa: parte de lo mismo, de todo aquello que los Argentinos de bien queremos dejar cuanto antes en el pasado.

Es de esperarse que la cordura y la institucionalidad primen por una vez, y que finalmente los porteños tengamos el 26 de abril la posibilidad de sufragar con voto electrónico o boleta única. Las «picardías» están hartando a la sociedad, y la falta de respuestas serias por parte de los gobernantes siguen dañando a una democracia cada vez más débil. La única forma de fortalecer a la República es con mucho más y mejor Patriotismo, de nosotros depende comprometernos con la vida cívica, puesto que sólo es un buen Ciudadano quien se preocupa y ocupa por el presente y el futuro de su Comunidad. Como definió Kalki: «Ser Nacionalista es, fundamentalmente, cumplir todos los días con la obligación de dar el ejemplo».